lunes, 9 de enero de 2012

Crítica de Restaurante Estado Puro en Madrid

Sentados en una barra cerca de la ventana con un par de cervezas, se podía observar el paisaje urbano frente a la fuente de Neptuno. En la mesa de al lado, un señor que rondaba los 50 se preguntaba dónde se había metido su tortilla, observando atónito una cuchara en un vaso cubierto por una capa de espuma, huevo y cebolla caramelizada con una textura lechosa y fina que recordaba a una tortilla “espacial”. “Se llama deconstrucción y es un nuevo concepto creado por Ferrán Adrià” contesta uno de los encargados.

En pequeñas porciones se encuentra la esencia más pura. “Estado puro” en la plaza de Neptuno bajo el hotel NH (Plaza Cánovas del Castillo, 4.), con un diseño juvenil, refinado y moderno, nos permite disfrutar de una de esencia casera mezclada con novedosas formas de probar las tapas tradicionales, ronda los 30 euros por persona más bebida y el trato de los camareros es cercano y hospitalario, guardando siempre las maneras de un restaurante de lujo.

Al abrir la carta nos encontramos con comida que perfectamente podría haber hecho cualquier abuela, un menú simple y recorrido que innova con las formas más originales de presentación. Empezamos degustando una ensaladilla rusa para dos personas acompañada de unas regañas para ir haciendo boca, condimentada con huevo rallado encima de una sutil capa de mayonesa que permite untarse perfectamente. Continuamos probando unas croquetas de jamón con un sabor fuerte a ibérico, dónde el porcentaje de bechamel es justo y equilibrado. Se presentan en un recipiente con toques abollados en su superficie que simula roturas en su exterior, y con un papel de periódico color sepia colocada de forma estratégica para llamar la atención del cliente.

Aconsejados por el camarero, recibimos una pequeña taza de desayuno con unas lentejas condensadas pero ligeras al mismo tiempo para paliar el hambre. Un plato para llenar el estómago, sin sorpresas, unas lentejas simples e insulsas. Finalmente nos decantamos por el plato estrella, unas mini-hamburguesas con rúcula, queso decoradas con patatas pajas, además de una ración de bravas horneada y perforada en el corazón de la misma patata por la salsa. Ambos son servidos en un pedazo de tabla de pizarra a modo de plato y son devorados de un sólo bocado, pero en su diminuta totalidad contienen el gusto y el trabajo cuidadoso y elaborado de un gran plato.

El postre, un pedazo de tarta o helado servidos en un vaso, resulta obvio y poco original en comparación con el resto del menú. Mientras que la cuenta, presentada en una lata de conserva a modo de guiño, resulta, a la vez, llamativa y divertida.

Pequeña comida con un sabor gigantesco, tapas de diseño a precios asequibles en pleno centro.


www.tapasenestadopuro.com

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