jueves, 19 de enero de 2012

El placer del sonido real

Suena en una tienda de música el placer del sonido real, guitarras indefinidas y viejunas rebotando contra las paredes, el silbido, de una chica con gafas de pasta negras y con el pelo tan corto como su ropa, que despertó mi interés por Los Stooges o Damien Rice.

En filas, colocados uno sobre otro, busco dentro de un orden caótico una morena equilibrada como Sinatra y de bello tan erizado como Dylan, una rubia caliente y agresiva que suene a Vedder o el estribillo narcótico de alguna grupie de Hendrix.

Percibo la carátula con mis manos, dudo, me lo pienso y al final, acaricio mi premio con paciencia. Frente a mi un gorila gótico con largas cabelleras me cobra y se atribuye esta frase mientras le miro su camiseta de ACDC: “Buen disco chico, sex, drugs and rock and roll, yeah”.

En el metro me entretengo leyendolo, jugueteando con la yema de mis dedos por sus bordes cuadriculados. Al llegar a casa rompo el envoltorio de plástico, trato de comprobar si hay punzadas de tinta en el libreto y titubeo un segundo para no hacerle daño.

Lo siento sobre el reproductor para que empiecen a nacer frecuencias acumuladas sobre el aire que viajan hasta mis oídos. Jeroglíficos emocionales y matemáticos que quieren ser entendidos, que descansan junto a mi, bajo mi edredón, y que en tan solo unos minutos, se atrapan al silencio de mi alma para formar vida.





Nadie le pidió a la música que se restringiera su color, nadie le pidió a los juglares un canon por trasmitir sus cantos, pero cualquier trabajo honrado, y más el de ser artista, tiene un precio. El impulso que le da a nuestra vida fuerzas para continuar con nuestra rutinaria existencia, esas mezclas que nos hacen mover los musculos de la cadera y la pelvis como si se nos fuera la vida en ello en los conciertos, merecen respeto, al igual que nosotros como consumidores. Pero porqué, me pregunto, porqué se criminaliza el cobro por esfuerzo y en nuestro país impera la adicción por la gratuidad.

Las discográficas, verdaderas culpables de la elevación de precios juntos a otros artistas que apoyan el carácter dominante y abusivo de estás empresas, se aprovechan de las personas que aún disfrutamos pagando un disco o alquilando una buena película.

Por lo tanto, la caída de Megaupload y la creación de la autoproducción y distribución de algunos grupos, sumado al éxito de Myspace en la última década supone un triunfo para el placer del sonido real y esta última para la libertad musical en general. Sin embargo, la demanda desmesurada de nuevos hits a través de descargas, el gozo del simplismo y la canción de reciclaje con fecha de caducidad, o el simple hecho de no disfrutar de un CD sino de una canción, todo, hace que el sabor ya no sea el mismo, ni mejor ni peor, simplemente diferente.

Pero ahora disfruten de esta canción en vivo, increíble.

1 comentario:

  1. tremendamente sensorial... cuando llegas al video ya has pasado por todos los estados de animo a lo que te puede llevar la musica!

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